En un ecosistema mediático en el que la rapidez y el ruido digital amenazan con opacar la claridad y la precisión del lenguaje, nació Buen Idioma. El proyecto cumple seis años este 2026 y se ha consolidado como espacio de consulta y reflexión sobre la lengua española; con una comunidad creciente que supera los 100 000 seguidores en Instagram y Facebook, y con el prestigio añadido de su columna fija en la revista televisiva Buenos Días.
Para conocer los orígenes, la evolución y el propósito fundacional de esta necesaria iniciativa, Granma conversó con su creador, el periodista, editor y profesor universitario Cristian Martínez González.
―¿Qué lo impulsó a crear Buen Idioma?
―El proyecto surgió como una iniciativa estudiantil para ser de utilidad a futuros periodistas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, pues el actual plan de estudios de la carrera cuenta con un solo semestre de Gramática y uno de Redacción, pese a ser dos materias indispensables. Esta idea nació con un marcado interés divulgativo y surgió para ayudar a los profesionales y a todo aquel que esté interesado en hablar y escribir con corrección.
―¿Qué ha aprendido Buen Idioma sobre la forma en que se discute acerca de la lengua en las redes sociales?
―Que de poco sirve usar en las plataformas digitales códigos de otros espacios, como, por ejemplo, los que tradicionalmente emplearía un maestro en el aula, pues internet tiene su propio lenguaje. También nos han permitido corroborar que persisten muchos mitos lingüísticos entre la población y que, además, aún hay cierta reticencia a aceptar que el idioma es un ente vivo y que lo que ayer se consideraba un error puede que hoy ya no lo sea.
―¿Cuál es, en su experiencia, el error más constante y generalizado que aún persiste en el idioma de los medios cubanos actualmente?
―La mayúscula –más bien su abuso– sigue siendo el talón de Aquiles de la prensa cubana. Por relevancia, muchas veces se le endilga una mayúscula innecesaria a palabras que no pasarán a ser menores por el hecho de que aparezcan escritas íntegramente en minúscula. Nuestra Revolución, por ejemplo, seguirá siendo grande ―«más grande que nosotros mismos», como dijera Fidel― aunque escribamos la palabra cubana en minúscula, como norma la Ortografía de la lengua española, de las academias.
«Los asiduos lectores de la prensa seguro también habrán notado que a veces en los medios, incluso en un mismo periódico, no se es consecuente con determinado criterio. Ha pasado que, en una misma página, aparecen palabras y expresiones escritas indistintamente. Esto, en lugar de orientar a los hablantes sobre el uso de la lengua, los despista».
―Adaptar un contenido tan técnico como la gramática a la televisión debe ser un desafío. ¿Cómo lograron mantener el rigor sin perder dinamismo?
―Sin duda lo es. Por esa misma razón, siempre tuvimos claro que no queríamos que las apariciones en televisión nacional fueran vistas como teleclases. Aprovechamos el gran alcance de la TV para mantener actualizada a nuestra población en estos temas. A menudo, compartimos declaraciones de académicos y de otras influyentes personalidades del mundo de la lengua, porque la pequeña pantalla es, sobre todo, imagen y, por tanto, debemos aprovecharla.
―¿Qué distingue a Buen Idioma?
―Desde nuestras cuentas en las redes sociales tratamos de conquistar a todo tipo de público: ya sea un amante de la literatura o un seguidor de las canciones de reguetón, o ambos. La idea es conquistar a quien nos ve, hacerle saber que, hasta lo más impensado, como una canción del reparto, puede servirnos para hablar sobre temas lingüísticos.
―¿Planea realizar talleres presenciales para intercambiar con su audiencia?
―En abril, en el contexto del aniversario del proyecto, siempre nos reunimos con el llamado Consejo Asesor, un grupo de amigos y casi familia que ha nacido a lo largo de los más de cinco años de esta iniciativa en pos de un tesoro compartido con más de 600 millones de hablantes, el español. No se trata de un taller, sino de un espacio para el disfrute, para conocernos mejor, resaltar logros…
―¿Qué le ha aportado Buen Idioma en lo personal y lo profesional?
―Muchas alegrías. Me ha permitido crecer profesional y humanamente, también descubrir los secretos de la lengua. Además, ha avivado mi curiosidad lingüística, porque no hay un día en que no tenga dudas sobre el español. Como siempre seré periodista-profesor ―o viceversa―, me reconforta saber que Buen Idioma es, para mí, el aula gigantesca que todo maestro quisiera tener. Así lo he manifestado en varias ocasiones y hoy lo reafirmo.
Por Sofía González Angulo. Tomado del periódico «Granma» (23 de febreror de 2026).
